Muchos modelos de esta manufactura se basan en los medidores de tiempo legendarios de Abraham-Louis Breguet, quien en 1775 creó un taller en Paris convirtiendose en el padre de la relojeria moderna. Entre sus numerosos inventos se encuentran el tourbillon, un eficiente sistema antiimpactos y unas agujas y numeros especialmente elegantes. En poco tiempo Breguet comenzó a suministrar relojes a la élite europea. En la batalla de Waterloo, los comandantes de todos los bandos llevaban relojes con su nombre.
Su ingenio y parámetros de estética le caracterizan y a día de hoy sigue fabricando relojes que cumplen con las necesidades más exigentes.